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Irán: los intentos por recuperar la revolución perdida.

24 June 2009
Enero de 1979

Teheran, enero de 1979

Hace ya treinta años que Jomeini aterrizó en Teheran iniciando una revolución que sacudiría los cimientos de Oriente Próximo. El Ayatollah con un apoyo popular sin precedentes desterró al Sha de Irán, monarca despóta y escéntrico que soñó restaurar el imperio persa a base de represión social, asesinatos selectivos, reformas mágicas y oro negro.

De este modo comenzó la Revolución Islámica en Irán. Trás décadas de dictadura la esperanza del cambio llegó bajo el turbante de un clérigo. Había sin duda en el pueblo persa la necesidad de empezar de nuevo, un deseo por recuperar las riendas de su historia y resolver las injusticias sociales, corrupción y pobreza que habían florecido durante el reinado del Sha. Así mismo, occidente pagó caro el apoyo incondicional que había ofrecido al Sha, el inicio de la revolución, supuso el total alejamiento de occidente y el comienzo de una larga guerra fría contra Estados Unidos y sus aliados que perdura hasta nuestros días. Irán es en la actualidad un país aislado por durísimas sanciones internacionales debido a su programa nuclear y su oposición a reconocer Israel como estado soberano.

Jomeini aspiraba crear una forma de gobierno que fuese escrupulosa con los preceptos religiosos islámicos. Desarrolló durante su exilio el concepto de gobierno islámico o wilayat-e-faqih que legitimaba el liderazgo y control de todos los organismos de gobierno por parte de la élite clerical chiíta. Tal y como el mismo Jomeini escribió:

“aquellos que estuvieron a cargo después del profeta, los Imanes, han adquirido la capacidad de explicar las leyes islámicas y las normas, así como también con la autoridad de propagar este conocimientos entre los musulmanes.”1

Una vez la revolución estuvo en marcha, Jomeini no disponía de la autoridad suficiente como para implementar totalmente su modelo y decidó crear un sistema dual de gobierno: una Gobierno Provisional dominado por secularistas, y un Consejo Revolucionario controlado por la clase clerical. Este sistema mixto pretendía combinar la filosofía de wiliyat-e-faqih con el concepto contemporáneo de gobierno republicano –evocando el concepto de res pública– y aludienso así al proceso de creación de un estado por y para el pueblo. Una vez el referendum por la creación de la republica islámica fue aprobado por una amplia mayoría de la población, Jomeiní ordenó al Gobierno Provisional la redacción de una nueva constitución que buscaba combinar ambas teorias en un solo sistema y que en un nuevo referendum buscaría la legitimidad del pueblo.En una entrevista realizada por la periodista y escritora Paula Schmitt, el líder de Hezbollah Hassan Nasrallah comentaba sobre la creación de un estado islámico en Líbano y el ejemplo de la revolución iraní:

“cuando nos pregunta sobre este asunto (wiliyat-e-faqih) solemos contestar que somos musulmanes. Es entoncés natural que aspiremos a la creación de un estado islámico. Pero en teoría, también creemos que el estado islámico no puede ser impuesto al pueblo, la gente debe creer en este projecto, es la misma gente quien lo erige y lo establece. Toma el ejemplo de Iran. El pueblo iraní fue el responsable del derrocamiento del régimen del Sha. No fue un golpe de estado. […] Más adelante los iranies establecieron un consejo de expertos en unas elecciones libres. Este consejo de expertos fue encomendado la tarea de escribir una constitución, que después sería aprovada en un referendun.”

Este gabinete escribió un constitución que disminuía y restringía la autoridad de los juristas ulema en el nuevo estado. Los sectores más tradicionalistas criticaron durantemente el borrador constitucional y demandaban un mayor papel del Islam y los expertos ulemas. Así Jomeini inició una revisión de la constitución que pretendía catapultar el papel de la religión y los clérigos en el nuevo gobierno. Después de un largo proceso constitutcional, controlado prácticamente en su totalidad por los ulemas, los sectores más tradicionalistas se aprovecharon de la divisiones existentes en los sectores más seculares para aprovar los artículos 5 y 108 de la constitución iraní.

El primer artículo reconocía y legitimaba la eleción de los ulemas como líderes de la communidad islámica o umma (es decir jefe del estado), mientrás que el artículo 108 que prescibian la creación de un Consejo de Guardianes que tienen la autoridad de velar por la islamidad de las leyes y la constitución. Este consejo no era elegido democráticamente sino que la mitad de sus miembros eran elegidos por el mismo Jomeini, y la otra mitad por el Consejo Judicial Supremo. Así a medida que la revolución fue consolidándose el estado fue tomando una estructura piramidal donde un nuevo aparato clerical asumia el control total del estado y tenía derecho de veto sobre las leyes y decisiones adoptadas por el parlamento.

Estos cambios no era precisamente lo que muchos iraníes estaban esperando. El ambiente revulsivo que envolvió a los primeros momentos de la revolución se disipó estrepitosdamente trás la monopolización que los sectores más religiosos y tradicionalistas del aparato del Estado. La revolución de 1979 incluida miembros de todos los colectivos y fuerzas políticas que existían en Irán. Secularistas y tradicionalistas se unieron para terminar con el periodo despótico del Sha pero fue finalmente la clase clerical la que se benefició políticamente del conjunto del proceso.

Jomeini gobernó con mano de hierro e implementó un sistema islámico totalmente revolucionario desde el punto de vista de teológico y político. El sistema combinaba las leyes y tradiciones islámicas con un sistema republicado, que como índica el académico Pedro Salazar Ugarte: un sistema republicano es ¨el gobierno de las leyes contrapuesto (al despótico) gobierno del los hombres.¨

Este principio que sería una las características principales del estado de derecho moderno y es necesario diferenciarlo de lo que actualmente diversos académicos denominan el constitucionalismo liberal moderno. Hay una tendencía a relacionar el sistemas republicano de gobierno con el sistema de gobierno democratico debido a que existen diversos países que combian ambos conceptos de gobierno como Francia y Estados Unidos entre otros. Sin embargo hay diferencias muy importantes desde el punto de vista teórico y práctico que deben ser contempladas. La diferencía entre ambos conceptos está en la importancía y énfasis que cada uno de estos conceptos concede al individuo. Según Pedro Salazar:

¨Las leyes y la participación tienen, en ambos ideales, recursos y objetivos diferentes. En un caso (republicano) se promueve el valor de lo público con virtud sobre el culto a los derechos individuales de los privados; en el otro, se acentúa y protege el valor individual sobre las promesas de la libertad política. En un caso se habla de ciudadanos, en el otro de individuos. El republicanismo abraza los deberes; el liberalismo constitucionalista, los derechos¨.

La principal inovación que introduce los ulemas en el sistema republicano de gobierno es el hecho de crear un sistema que supuestamente sustituye el despotismo de los hombres por el gobierno de las leyes divinas, o como Jomeini mencionó en uno de sus escritos: “creyentes, obedeced a Dios, al profeta y aquellos que están a cargo entre vosotros“. Por este motivo no debe sorprendernos de la postura que hay ha adoptado el Consejo Revolucionario de los guadianes de no repetir las elecciones en Irán sobre si tenemos en cuanta el último discurso promunciado por la máxima figura del régimen y lider espiritual de la república Alí Jamenei, donde insinuaba que la república islámica no cometía errores como este.

Este Consejo Revolucionario es en la actualidad el máximo órgano legislativo que existe en Irán, está formado por seis jueces y seis eruditos en jurisprudencia islámica. Este organismo no es elegido democráticamente pues es nombrado por la cúpula clerical y tiene además el derecho a vetar cualquier decision adoptada por el legislativo. Por último, tiene la autoridad de decidir cuales son los candidatos apropiados para presenarse a la presidencia de la república, mecanismo que ha sido utilizado repetidamente por el consejo para evitar la candidatura de políticos críticos con el régimen.

El hecho de que Irán celebre elecciones y tenga un parlamento elegido por el pueblo no significa que Iran sea un republica islámica democrática, como han demostrado recientemente el Consejo Revolucionario. Más bien y en concordancia con la teória política contemporania, Irán está gobernado por unos pocos, es decir por una clase oligarquica que monopoliza todos los poderes del Estado.

Así la decisión de no repetir las elecciones, a pesar de que se ha demostrado que han sido fraudulentas, plantea un gran dilema en las altas instancias del poder en Irán. Por un lado, el consejor revolucionario en su esfuerzo por preservar la Estado ha decidido optar por una política basada en la fuerza aunque con ello boicoté las últimas elecciones y robe al pueblo iraní la capacidad de decidir por sí mismo. Aceptar el error parece ser un síntoma de débilidad que la oligarquía persa parace no estar disuesta a conceder.

Reconocer las irregularidades y convocar nuevas electiones daría un gran impulso al candidato Mirhusein Mousavi abriendo la puerta al reformismo y los cambio, y quizás a la recuperación de la revolución plural y abierta que muchos ciudadanos iraníes esperaban al inicio de la revolución. El régimen de ulemas en Irán parecen estar dispuesto a reafirmar más que nunca su poder, aunque con ello se deba poner en prácica los mecanismo más salvajes de represión y despótismo, tal y como ya indicaba el filósofo italiano Maquiavelo:

“Hablando con verdad, el arbitrio más seguro para conservar semejantes Estados es el de arruinarlos. El que se hace señor de una ciudad acostumbrada a vivir libremente, y no descompone su régimen político, debe contar con ser derrocado por ella, a la postre. Para justificar tal ciudad su rebelión invocará su libertad y sus antiguas leyes, cuyo hábito no podrán hacerle perder nunca el tiempo y los beneficios del conquistador. Por más que éste se esfuerce, y aunque practique un expediente de previsión, si no se desunen y se dispersan sus habitantes, no olvidará nunca el nombre de aquella antigua libertad, ni sus particulares estatutos, y hasta recurrirá a ellos en la primera ocasión. ”

El principe. Maquiavelo. Cap V.

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